Para el sexo no hay edad si hay experiencia
Astrid Barnet
Colaboradora de Rebelde
15 de Julio de 2008, 2:10 p.m
La Habana, Cuba.- Aunque para muchas personas el paso del tiempo y el envejecimiento son vividos como algo negativo, no resulta incierto afirmar que, realmente, este es un proceso cuyas etapas no son ni mejores ni peores, sino distintas. Algunas supuestas pérdidas no son sino adaptaciones a nuevas necesidades vitales que responden a procesos profundamente sabios de la naturaleza.
Este es el caso de la sexualidad humana que, a diferencia de las demás especies, no se limita tan sólo a procesos orgánicos y tendencias instintivas. El hombre y la mujer gozan de una sexualidad compuesta por elementos psicológicos muy fuertes que pesan, a veces, mucho más que el factor físico dando lugar a una diversidad y riqueza inagotable de deseos, actividades y preferencias.
Así ocurre que un hombre maduro o adulto mayor puede reunir todas las condiciones para mantener intacta y hasta potenciada toda la carga psicológica que engloba la sexualidad y, a la vez (¿por qué no?), puede con su pareja llegar a experimentar un nuevo florecimiento de su sexualidad a muy avanzada edad, con una mayor comprensión y entrega espiritual.
Por supuesto, esta sexualidad habrá de cambiar en su ritmo y forma de expresión y es a partir de aquí el análisis del tema de la Andropausia, etapa en la que muchos adultos mayores no comprenden (ni interiorizan), acerca de la nueva realidad que viven; una realidad que impone cambios que, por supuesto, quienes puedan comprenderlos y aceptarlos serán sexualmente felices.
Como Andropausia se define al proceso durante el cual la capacidad sexual del hombre comienza a declinar hacia alrededor de los 50 años de edad o más, a partir del progresivo descenso del nivel de andrógenos u hormonas masculinas. La actividad de estas hormonas repercute en muchos procesos del organismo, pero sus consecuencias se perciben muy especialmente en la capacidad sexual.
Los cambios y síntomas provocados por la Andropausia pueden distinguirse no sólo referidos directamente a la función sexual, sino también al plano anímico, pudiendo provocar irritabilidad, desasosiego o depresión. Puede ser también responsable de alteraciones en la convivencia, dependiendo de cómo se adapte la pareja a procesos tan distintos como la andropausia y la menopausia tras compartir sexo durante décadas.
Entre los síntomas y alteraciones que pueden observarse en los adultos mayores durante este proceso están: el hipogonadismo o disminución natural y progresiva de la función testicular, con descenso progresivo de la testosterona; declinación de la erección debido a una pérdida más rápida de la vaso-congestión genital; el orgasmo sufre modificaciones, siendo menos intenso; menor producción de otras hormonas y de secreción de las glándulas suprarrenales, y agrandamiento de las mamas.
No obstante los síntomas mencionados, el proceso no es igual en todos los hombres adultos mayores. Por ejemplo, investigaciones científicas plantean que en el 50% de los varones de cerca de 80 años de edad existe aún producción de espermatozoides con capacidad para fecundar.
Así como la mujer tiene su climaterio, debido al cual y luego de la menopausia, ya no podrá engendrar, el hombre va perdiendo potencia sexual pero, sin ciclos tan marcados ni pérdidas tan abruptas. Por tanto, la actividad sexual del varón no está atada a períodos regulares como es el caso de la mujer, pudiendo engendrar en cualquier momento por la constante producción de espermatozoides, a la vez que tampoco presenta un punto límite como es el caso de la menopausia en ella.
La Geriatría cubana tiene muy en cuenta que el envejecimiento constituye un proceso biológico, no una enfermedad, y que etapas fisiológicas del adulto mayor como la andropausia y la menopausia contribuyen a tomar una mayor conciencia de lo que puede hacerse sexualmente, por lo que el erotismo está vigorizado (en comparación con el acto sexual propiamente dicho), con una mayor consolidación de la pareja y tiene como único fin dar y recibir placer.
Al mismo tiempo en el Sistema de Salud cubano constituye una máxima lo siguiente: cuanto más preserve una persona su salud durante la juventud –eliminando factores nocivos como el tabaquismo, el consumo de bebidas alcohólicas y de medicamentos sin prescripción facultativa--, realice ejercicios físicos y, a la vez, se libere de toda una serie de tabúes o mitos que dificulten su educación en general llegará a ser, de seguro, un adulto mayor sin inconvenientes funcionales en el aspecto sexual. |