Tata Güines,
el mejor sonido de congas del mundo se fue, para
reunirse en la inmortalidad de un Walaya africano
a Chano Pozo, Mongo Santamaría, Patato Valdés
y todos los que como él lograron situar las
tumbadoras en la primera línea del coro.
Federico Arístides Soto había nacido
en el poblado de Güines, al sur de La Habana,
el 30 de junio de 1930 y desde los 13 años
ya tocaba la percusión en conjuntos locales.
En sucesivas entrevistas con este redactor nunca
se situó en primer plano y siempre dejaba
el lugar cimero en la percusión a su amigo
Chano ("que lo mataron porque no se hizo santo",
dijo) a Cádido Camero, Nasaco, Chocolate,
y Patato.
Durante dos encuentros cada uno por su lado, Chucho
Valdés y Oscar Valdés coincidieron
en que "ni Giovanni Hidalgo ni Angá".
El mejor sonido lo tenía el Tata.
Oscarito decía: "la rapidez a mí
no me dice nada, sino el estilo, el sonido y la
personalidad. Tata es el conguero mayor que redobla
y levanta las manos, toca con las uñas, los
codos, es un espectáculo".
Merceditas Valdés, por su parte sostuvo:
"puedo decirte que Chano Pozo era tremendo
quinto. Tenía manos grandes. El Tata suplía
la limitante de sus manos pequeñas con el
virtuosismo de la frase".
Tata Güines solía recordar a Arsenio
Rodríguez, con el cual trabajó: "Oye,
Arsenio era quien repartía el dinero y era
ciego. Los que mejor cobraban en las orquestas eran
los pianistas, arreglistas, violinistas...los últimos
éramos los congueros. Arsenio sabía
cuándo un billete era de cinco de 10 o de
20, por lo menos nunca se equivocó conmigo".
A partir de que Mario Bauzá le presenta a
Chano Pozo el monstruo del Be Bop, Dizzy Gillespie,
las congas entraron en el jazz: "Yo no hablo
inglés, Dizzy no habla español, hablamos
en africano", decía el genio nacido
en el barrio de Cayo Hueso.
Tata Güines recordaba que como Chano era chapistero,
le sacaba sonoridades a los carros que arreglaba
y eso lo aplicaba a las congas.
¿Y cómo las obtenía usted Tata?,
le pregunté.
"Yo, por ejemplo, escuchaba los latones de
basura al caer cuando pasaba el carro de la basura
y me asombraba de que había notas musicales
en ese trabajo", respondió.
Tata Güines formó el fabuloso grupo
Los Amigos, junto a Frank Emilio, Guillermo Barreto
(el mejor drummer cubano de todos los tiempos, aprendió
con Buddy Rich), Papito Hernández y Gustavo
Tamayo.
El filme Nosotros la música, de Rogelio París,
recoge una actuación de ese colosal conjunto
en su etapa de madurez.
Pero el conguero de Güines siguió acumulando
experiencia y con la agrupación Tata Güines
y sus tatagüinitos, enfrentó la primacía
de Pello El Afrokán y su ritmo Mozambique,
a mediados de los 60.
Danilo Pérez, el pianista panameño
que se ha erigido como uno de los grandes del jazz
latino le dijo a este redactor en un festival Jazz
Plaza: "mi padre siempre me dijo que uno de
sus orgullos era haber tocado junto a este señor"
(dirigiendo el índice hacia un Tata Güines
sonriente y benévolo).
Ganó Grammys, era solicitado por todas las
orquestas del mundo, se encontraba en la cima y
nunca se mareó con la altura, pero la mayor
lección que me dio fue en la sala Rubén
Martínez Villena, de la UNEAC.
Tras una actuación allí en homenaje
a Chano Pozo, todo el mundo se marchó y las
congas de Tata Güines quedaron solitas. Yo
me acerqué y comencé a rumbear tímidamente,
entonces el Tata entró con esa sonrisa suya
y me dijo: "periodista tocar tumbadoras es
como liberarse uno, arremete duro contra los cueros".