Estimados
televidentes y radioyentes:
Compatriotas:
Hoy todos despertamos estremecidos por el Mensaje del Comandante
en Jefe, anunciándonos que no aspirará ni aceptará
los cargos de Presidente del Consejo de Estado y Comandante
en Jefe en la Asamblea Nacional que se constituirá
el próximo día 24.
Cada uno de nosotros recibió la noticia con la carga
personal de emociones que entraña el anuncio de que
ya no estará al frente de nuestro Estado, la persona
que como una vez dijo el Che y varias reiteró Raúl:
"se ganó el derecho a dirigirnos porque fue el
primero en el Moncada, el primero en el Granma, la Sierra,
Girón..." O lo que es lo mismo: porque Fidel es
hace más de 50 años ejemplo de consagración
total a su Patria y a su pueblo hasta el punto del descuido
de su salud y su propia vida personal.
De una u otra manera, cada uno a su modo, todos hemos recibido
la noticia con una mezcla de tristeza y orgullo: porque Fidel,
nuestro Fidel, deja sus cargos históricos y nos dice,
sin dramatismo, que sería una traición a su
conciencia "ocupar una responsabilidad que requiere movilidad
y entrega total que no estoy en condiciones físicas
de ofrecer". Pero, consecuente hasta el final, como él
mismo ha dicho, lo hace con una extraordinaria dignidad en
un momento en que el pueblo ha respaldado con votación
abrumadora la continuidad de un proyecto asediado por el mayor
imperio de la Historia.
Diez administraciones imperiales se propusieron derrocarlo,
bloquearlo, asesinarlo. Y todas fueron derrotadas en sus criminales
intentos.
Fidel nos anuncia su decisión con la certeza de que
estamos preparados para entenderlo porque somos —cosa
rara en el mundo de hoy— un país organizado,
unido, fuerte por sus conocimientos y su resistencia, entrenado
en el oficio de haber mantenido a raya al más cruel
y despiadado de los adversarios durante medio siglo. Entrega
sus funciones en una Revolución victoriosa y no pide
reconocimientos ni honores, solo mantenerse como "un
soldado de las ideas". No podemos menos que entender
y aceptar, con la reverencia de nuestro mayor respeto, la
humilde grandeza de su decisión.
Hoy Fidel ha vuelto a derrotar al enemigo que por 50 años
ha asediado nuestra casa común y que no dejará
de hacerlo en adelante, con más furia pero también
con menos resultado, como se ha probado tantas veces, mientras
más y mejor preparados estemos para los riesgos por
venir.
Confirmémosle que la que él definió como
su "primera obligación después de tantos
años de lucha": prepararnos para su ausencia,
sicológica y políticamente, fue cumplida; como
todas las misiones que dirigió y encabezó en
estos hermosos años, brillantemente. Y esperemos su
próxima Reflexión, arma indispensable de nuestro
arsenal para los nuevos tiempos y las próximas batallas.
¡Viva Fidel!
¡Viva Raúl!
¡Viva la patria unida que ellos fundaron y que todo
un pueblo defenderá!
¡Hasta la victoria siempre!
|