17
de abril de 1961. Miles de mujeres y hombres se encontraban
en sus puestos de combate, movilizados ante la inminencia
de una agresión militar directa que,
como se demostró después, fue organizada, financiada
y equipada por Estados Unidos, con el apoyo de gobiernos
títeres de Centroamérica y el reclutamiento
de mercenarios.
A
las 2.30 de la madrugada de aquel día 17, el mar
lamía tranquilamente las arenas de la bahía
de Cochinos, en Matanzas, donde alfabetizadotes llegados
desde distintos puntos del país enseñaban a
leer y escribir a los siempre discriminados habitantes de
la Ciénaga de Zapata.
Hacía apenas unas horas que Fidel Castro había
declarado el carácter socialista de la Revolución
Cubana en la despedida de duelo de las siete victimas de
los bombardeos contrarrevolucionarios sobre aeropuertos de
La Habana. También atacaron el de Santiago de Cuba.
Ante millares de habaneros, con los fusiles en alto, Fidel
dio la orden de combate y convocó a las tropas a presentarse
en sus respectivos Batallones. El país entero estaba
en pie de guerra.
Expectantes,
dos milicianos hacían la guardia en las
arenas de Playa Girón, en la Bahía de Cochinos,
occidental provincia de Matanzas y a unos 210 kilómetros
de La Habana. De repente, empezaron a escuchar movimientos
inusitados. La tranquilidad duró apenas minutos: lo
que se esperaba era una realidad: comenzaba desembarco de
mil 500 hombres mercenarios, apoyados por mar y aire, comenzaba,
un plan diseñado desde 1960 por el presidente Dwingth
Eisenhower, y continuado por su predecesor, John F. Kennedy
denominado Operación Pluto.
Aunque
esperaban ser esperados con flores por el pueblo y sin
resistencia de los cuerpos armados, como les hizo creer
el gobierno de Kennedy, a la orden de rendirse de los invasores,
la respuesta de los dos solitarios milicianos se sintió como
la hoja de un cuchillo afilado: Aquí no se rinde nadie,
carajo. Sonaron los tiros y comenzó la epopeya de
Playa Girón, en cuyo territorio la contrarrevolución
esperaba instaurar en 72 horas una cabeza de playa y un gobierno
provisional títere apoyado por la Casa Blanca, cuya
intervención se haría de manera directa una
vez logrado ese objetivo, y a solicitud de los invasores.
La
primera unidad cubana en hacer contacto con el enemigo
fue el 339 Batallón de Milicianos, que radicaba en
la sureña ciudad de Cienfuegos y fue el primero de
las unidades de refuerzo en llegar al lugar donde se combatía.
Ese mismo día, la Fuerza Aérea Cubana, con
sus pocos aviones, recibió la orden de atacar los
barcos de transporte. Poco después, el Houston quedaba
encallado y el Río Escondido hundido.
Las
tropas revolucionarias, compuestas por efectivos del Ejército Rebelde, la Milicia Nacional Revolucionaria
y la Policía Nacional, continúan la ofensiva
lanzada el día antes. La composición
de la brigada mercenaria identificada como 2506, estaba formada
por personal directamente vinculado al régimen de
Fulgencio Batista, derrotado dos años antes, o sus
familiares. Ellos eran: 194 ex militares y asesinos de la
dictadura de Fulgencio Batista, derrotada dos años
antes, 100 latifundistas, 24 grandes propietarios, 27 caza
tenientes, 112 grandes comerciantes, 35 magnates industriales,
179 personas de posición acomodada, 112 elementos
antisociales.
Los
mercenarios venían equipados con gran cantidad
de modernos armamentos, parque, artillería, tanques
y medios necesarios para una campaña rápida
y exitosa.
En
la madrugada del 18 empiezan a llegar los refuerzos provenientes
de la capital cubana, ya se contaba con la artillería
y con los tanques, por lo que el Comandante en Jefe, desde
el central Australia, desde donde dirigía las operaciones,
dio la orden de pasar a la contraofensiva. Ese día,
después de duros combates son tomados los pueblos
de Sopillar, Palpite y Playa Larga. El enemigo se ve obligado
a buscar refugio en Playa Girón.
Los
invasores, según comprobaciones posteriores,
recibieron entrenamiento de militares estadounidenses en
la isla de Vieques y Playa Julora, en Puerto Rico, y en Retalhuleu,
San Juan y Dos Lagunas, en Guatemala. La Agencia Central
de Inteligencia estableció una base de entrenamiento
en La Florida y otra en Lousiana. La Brigada 2506 salió de
Puerto Cabezas, Nicaragua.
El
lugar del desembarco fue escogido por sus condiciones geográficas. La zona, de difícil acceso, se
comunicaba por solo dos carreteras, estrechas y rodeadas
de mangle y cenagales, y separada del resto de la provincia
matancera por una ciénaga. También en Playa
Girón existía un aeropuerto destinado al turismo
en lo fundamental que permitiría la comunicación
aérea hacia Estados Unidos, mientras que por el mar
recibirían avituallamientos, en caso de necesidad.
Sin
embargo, desde el primer instante del desembarco, los mercenarios
recibieron el fuego contundente de las tropas cubanas.
Fidel se dirigió de inmediato a Matanzas,
movilizó los hombres de la Escuela de Milicias dirigida
por el Capitán José Ramón Fernández,
de gran experiencia militar, en tanto comenzaban a llegar
refuerzos de La Habana y otros territorios cercanos. La orden
fue clara: hay que derrotarlos en menos de 72 horas para
evitar que establezcan un gobierno provisional.
Fidel
estableció en las primeras horas su Comandancia
en el Central Australia, y luego se trasladó hasta
el lugar donde se libraban los combates. Incluso dirigió desde
un tanque el hundimiento de una de las naves mercenarias
de apoyo.
Las
naves aéreas norteamericanas de apoyo, que luego
intentaron evacuar a los mercenarios sobrevivientes tuvieron
que retirarse, al tiempo que unidades navales de los Estados
Unidos se acercaron a la costa, en cumplimiento de órdenes
expresas del Presidente Kennedy, para participar en las operaciones
de rescate ante la invencibilidad de las tropas del Ejército
Rebelde y las Milicias Nacionales Revolucionarias.
Los
combates duraron unas 66 horas. Ante el fuego cerrado de
las baterías antiaéreas, la aviación
revolucionaria, el combate tiro a tiro protagonizado por
los valientes soldados cubanos, la invasión fue derrotada
en lo que constituye la primera gran derrota del imperialismo
norteamericano en América Latina y El Caribe. |