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Invasión mercenaria por la Bahía de Cochinos
17 de abril: Invasión mercenaria por la Bahía de Cochinos
Lídice Valenzuela
Colaboradora de Rebelde
Abril 17, 2008, 10:30a.m.

17 de abril de 1961. Miles de mujeres y hombres se encontraban en sus puestos de combate, movilizados ante la inminencia de una agresión militar directa que, como se demostró después, fue organizada, financiada y equipada por Estados Unidos, con el apoyo de gobiernos títeres de Centroamérica y el reclutamiento de mercenarios.

A las 2.30 de la madrugada de aquel día 17, el mar lamía tranquilamente las arenas de la bahía de Cochinos, en Matanzas, donde alfabetizadotes llegados desde distintos puntos del país enseñaban a leer y escribir a los siempre discriminados habitantes de la Ciénaga de Zapata.

Hacía apenas unas horas que Fidel Castro había declarado el carácter socialista de la Revolución Cubana en la despedida de duelo de las siete victimas de los bombardeos contrarrevolucionarios sobre aeropuertos de La Habana. También atacaron el de Santiago de Cuba. Ante millares de habaneros, con los fusiles en alto, Fidel dio la orden de combate y convocó a las tropas a presentarse en sus respectivos Batallones. El país entero estaba en pie de guerra.

Expectantes, dos milicianos hacían la guardia en  las arenas de Playa Girón, en la Bahía de Cochinos, occidental provincia de Matanzas y a unos 210 kilómetros de La Habana. De repente, empezaron a escuchar movimientos inusitados. La tranquilidad duró apenas minutos: lo que se esperaba era una realidad: comenzaba desembarco de mil 500 hombres mercenarios, apoyados por mar y aire, comenzaba, un plan diseñado desde 1960 por el presidente Dwingth Eisenhower, y continuado por su predecesor, John F. Kennedy denominado Operación Pluto.

Aunque esperaban ser esperados con flores por el pueblo y sin resistencia de los cuerpos armados, como les hizo creer el gobierno de Kennedy, a la orden de rendirse de los invasores, la respuesta de los dos solitarios milicianos se sintió como la hoja de un cuchillo afilado: Aquí no se rinde nadie, carajo. Sonaron los tiros y comenzó la epopeya de Playa Girón, en cuyo territorio la contrarrevolución esperaba instaurar en 72 horas una cabeza de playa y un gobierno provisional títere apoyado por la Casa Blanca, cuya intervención se haría de manera directa una vez logrado ese objetivo, y a solicitud de los invasores.

La primera unidad cubana en hacer contacto con el enemigo fue el 339 Batallón de Milicianos, que radicaba en la sureña ciudad de Cienfuegos y fue el primero de las unidades de refuerzo en llegar al lugar donde se combatía. Ese mismo día, la Fuerza Aérea Cubana, con sus pocos aviones, recibió la orden de atacar los barcos de transporte. Poco después, el Houston quedaba encallado y el Río Escondido hundido.

Las tropas revolucionarias, compuestas por efectivos del Ejército Rebelde, la Milicia Nacional  Revolucionaria y la Policía Nacional, continúan la ofensiva lanzada el día antes.  La composición de la brigada mercenaria identificada como 2506, estaba formada por personal directamente vinculado al régimen de Fulgencio Batista, derrotado dos años antes, o sus familiares. Ellos eran: 194 ex militares y asesinos de la dictadura de Fulgencio Batista, derrotada dos años antes, 100 latifundistas, 24 grandes propietarios, 27 caza tenientes, 112 grandes comerciantes, 35 magnates industriales, 179 personas de posición acomodada, 112 elementos antisociales.

Los mercenarios venían equipados con gran cantidad de modernos armamentos, parque, artillería, tanques y medios necesarios para una campaña rápida y exitosa.

En la madrugada del 18 empiezan a llegar los refuerzos provenientes de la capital cubana, ya se contaba con la artillería y con los tanques, por lo que el Comandante en Jefe, desde el central Australia, desde donde dirigía las operaciones, dio la orden de pasar a la contraofensiva. Ese día, después de duros combates son tomados los pueblos de Sopillar, Palpite y Playa Larga. El enemigo se ve obligado a buscar refugio en Playa Girón.

Los invasores, según comprobaciones posteriores, recibieron entrenamiento de militares estadounidenses en la isla de Vieques y Playa Julora, en Puerto Rico, y en Retalhuleu, San Juan y Dos Lagunas, en Guatemala. La Agencia Central de Inteligencia estableció una base de entrenamiento en La Florida y otra en Lousiana. La Brigada 2506 salió de Puerto Cabezas, Nicaragua.

El lugar del desembarco fue escogido por sus condiciones geográficas. La zona, de difícil acceso, se comunicaba por solo dos carreteras, estrechas y rodeadas de mangle y cenagales, y separada del resto de la provincia matancera por una ciénaga. También en Playa Girón existía un aeropuerto destinado al turismo en lo fundamental que permitiría la comunicación aérea hacia Estados Unidos, mientras que por el mar recibirían avituallamientos, en caso de necesidad.

Sin embargo, desde el primer instante del desembarco, los mercenarios recibieron el fuego contundente de las tropas cubanas. Fidel se dirigió de inmediato a Matanzas, movilizó los hombres de la Escuela de Milicias dirigida por el Capitán José Ramón Fernández, de gran experiencia militar, en tanto comenzaban a llegar refuerzos de La Habana y otros territorios cercanos. La orden fue clara: hay que derrotarlos en menos de 72 horas para evitar que establezcan un gobierno provisional.

Fidel estableció en las primeras horas su Comandancia en el Central Australia, y luego se trasladó hasta el lugar donde se libraban los combates. Incluso dirigió desde un tanque el hundimiento de una de las naves mercenarias de apoyo.

Las naves aéreas norteamericanas de apoyo, que luego intentaron evacuar a los mercenarios sobrevivientes tuvieron que retirarse, al tiempo que unidades navales de los Estados Unidos se acercaron a la costa, en cumplimiento de órdenes expresas del Presidente Kennedy, para participar en las operaciones de rescate ante la invencibilidad de las tropas del Ejército Rebelde y las Milicias Nacionales Revolucionarias.

Los combates duraron unas 66 horas. Ante el fuego cerrado de las baterías antiaéreas, la aviación revolucionaria, el combate tiro a tiro protagonizado por los valientes soldados cubanos, la invasión fue derrotada en lo que constituye la primera gran derrota del imperialismo norteamericano en América Latina y El Caribe.

   
 
 
 
   
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