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La
Habana, Cuba.- En Quito, capital de Ecuador, tenía
lugar este 7 de mayo en la Universidad Técnica
de Cotopoxia la presentación del libro Andanzas
de Atahualpa Recio, con la firma de Juan Marrero González,
Premio Nacional de Periodismo José Martí,
en ocasión del aniversario 50 del asesinato de
Carlos Bastidas.
El
volumen es un extenso reportaje que reconstruye el crimen
y ofrece amplios relatos sobre el quehacer profesional
del mencionado periodista ecuatoriano.
La
obra vio por primera vez la luz editorial en Ecuador
en el decenio de 1990 y en esta oportunidad su reedición
en ese país forma parte de las conmemoraciones
que tanto en Quito como en La Habana se realizan en
memoria del último periodista asesinado por la
dictadura de Fulgencio Batista en 1958. La editorial
cubana Pablo de la Torriente también ha realizado
una nueva edición de Andanzas de Atahualpa Recio.
Según
la investigación de Marrero, el joven periodista
ecuatoriano Carlos Bastidas llegó a Cuba a principios
del mes de marzo de 1958. Subió a la Sierra Maestra,
donde estuvo varias semanas y conversó con Fidel
Castro. Regresó a La Habana el domingo 11 de
mayo, y el día 13 lo asesinaron en la calle Prado,
entre Neptuno y Virtudes.
Bastidas
al llegar a la capital cubana se alojó en el
hotel Pasaje, cerca de la calle Prado. Y ese mismo día
visitó a Jorge Quintana, entonces decano del
Colegio de Periodistas en busca de protección.
Después, cursó un telegrama a la mamá,
pues era Día de las Madres, tras esta gestión
fue a la Embajada de Ecuador y allí entregó
al embajador Virgilio Chiriboga varios rollos de fotos
tomadas en la Sierra Maestra y otros materiales.
¿Dónde
y quién lo asesinó? Las respuestas con
lujo de detalles las encontrará el lector en
las primeras páginas del libro, de cuyo texto
adelantamos un resumen: Sucedió en el bar Cachet,
a donde llegó acompañado de Luis Gómez
Balado, hijo de la propietaria del hotel Pasaje. Minutos
después, se presentó en este establecimiento
un agente de la policía, el cabo Orlando Marrero
Suárez, conocido por Gallo Ronco, quien al entrar
empezó a insultar y ofender al joven Bastidas,
este protestó y el policía, que era dos
veces más corpulento que el periodista, lo golpeó
con su puño, e inmediatamente extrajo su pistola
y le disparó.
Gallo
Ronco, quien había participado en el asesinato
del político oposicionista Pelayo Cuervo el 13
de marzo de 1957, estaba al servicio de uno de los más
sanguinarios oficiales de la dictadura de Batista, el
general Pilar García, célebre por la matanza
que dirigió en el cuartel Goicuría, en
Matanzas. La censura de prensa impidió divulgar
en los periódicos y otros medios el asesinato
de Carlos Bastidas.
El
Colegio de Periodistas de Cuba pidió se le entregasen
los restos para las honras fúnebres. El escándalo
público internacional obligó al régimen
de Batista acceder a la petición y el 16 de mayo,
cinco días más tarde del crimen, fue entregado
el cadáver totalmente desnudo, y se veló
en la Funeraria Rivero, en Calzada y K, en el Vedado,
La Habana. Debido al terror policial que se incrementó,
apenas acudieron personas a la funeraria y los pocos
que estuvieron firmaron un libro de condolencia abierto
junto al féretro. El listado fue enviado a los
padres de Bastidas, y en forma de esquela mortuoria
lo publicaron en varios periódicos ecuatorianos
algunas semanas después.
El
sepelio se llevó a cabo el 17 de mayo en la Necrópolis
de Colón.
Los
restos fueron sepultados en el Panteón de la
Asociación de Reporteros de La Habana. Jorge
Quintana, decano del Colegio, despidió el duelo.
Ningún periódico pudo publicar las palabras
de despedida, ni tampoco dar información sobre
lo sucedido en el bar Cachet. La censura sólo
permitió que el Colegio de Periodistas publicase
en algunos periódicos una esquela dando cuenta
del fallecimiento de un periodista ecuatoriano.
Los
restos de Bastidas fueron trasladados en 1998 para el
Panteón de los Mártires de la Independencia,
donde están los de muchos caídos en las
guerras por la libertad de Cuba de los siglos XIX y
XX, y los internacionalistas cubanos caídos en
Angola.
Carlos
Bastidas Argüello se convirtió en el último
periodista asesinado en Cuba, nos dice el autor en las
palabras introductorias al libro tituladas Rescate de
la memoria, donde añade: En los años de
poder revolucionario, desde 1958, no ha ocurrido un
hecho semejante en Cuba. Jamás un periodista
ha sido torturado, desaparecido, asesinado. En el resto
de Latinoamérica, en cambio, más de ochocientos
periodistas han perdido la vida en el ejercicio de su
profesión, muchos de ellos desaparecidos por
las dictaduras militares, otros asesinados en el marco
de las “democracias” conocidas. Cientos
fueron torturados, miles fueron amenazados, agredidos
físicamente, despedidos de su trabajo, impedidos
de tener afiliación sindical, censurados. Miles,
miles… Hasta el día de hoy, inclusive.
(Fuente:
Cubarte)
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